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La caída de la natalidad se ha convertido en uno de los principales desafíos demográficos a nivel global. En este escenario, Taiwán ha superado a Corea del Sur y se posiciona como el país con los peores indicadores de natalidad y fecundidad del mundo, evidenciando una crisis poblacional profunda y acelerada.

Los datos más recientes muestran un deterioro sostenido que afecta no solo al crecimiento poblacional, sino también a la estructura etaria, el sistema de bienestar y la sostenibilidad social y económica a largo plazo.

Taiwán y la tasa de natalidad más baja registrada

En 2025, la tasa de natalidad en Taiwán descendió a 4,62 nacimientos por cada mil habitantes, el nivel más bajo desde que existen registros oficiales. Este indicador refleja una disminución significativa en comparación con años anteriores y confirma una tendencia negativa que se ha intensificado durante la última década.

En términos absolutos, en 2025 nacieron 107.812 niños, lo que representa más de 27.000 nacimientos menos que el año anterior. Si se compara con 2016, cuando se registraban más de 208.000 nacimientos anuales, la reducción alcanza aproximadamente el 50% en menos de diez años.

Fecundidad en mínimos históricos

La tasa de fecundidad total, que mide el número promedio de hijos por mujer a lo largo de su vida reproductiva, también muestra cifras alarmantes. En Taiwán, las proyecciones indican que este indicador podría descender por debajo de 0,8, ubicándose entre los niveles más bajos a nivel mundial.

Este valor se encuentra muy por debajo del umbral de reemplazo poblacional, estimado en 2,1 hijos por mujer, lo que anticipa una reducción sostenida de la población en las próximas décadas si no se producen cambios estructurales significativos.

Comparación con otros países de Asia Oriental

Aunque Corea del Sur y Japón han sido históricamente ejemplos de baja natalidad, Taiwán ha pasado a liderar este ranking negativo. Mientras Corea del Sur muestra una leve recuperación en sus indicadores de fecundidad y natalidad, y Japón se mantiene en niveles bajos pero relativamente estables, Taiwán continúa profundizando su declive demográfico.

Esta diferencia posiciona a Taiwán como uno de los casos más críticos en el análisis de la crisis de natalidad en Asia y a nivel global.

Una población que envejece rápidamente

El descenso de los nacimientos ha ido acompañado de un marcado envejecimiento de la población. Más del 20% de los habitantes de Taiwán tiene actualmente 65 años o más, lo que sitúa al país dentro de la categoría de “sociedad superenvejecida” según los criterios internacionales.

En contraste, los menores de 14 años representan poco más del 11% de la población, mientras que el grupo en edad de trabajar concentra cerca del 68%. Esta estructura etaria genera una presión creciente sobre los sistemas de salud, pensiones y cuidados de largo plazo, además de impactar en la productividad y el desarrollo económico.

Saldo natural negativo y cambios sociales

El saldo natural en Taiwán es claramente negativo. El número de fallecimientos supera ampliamente al de nacimientos, lo que contribuye al descenso sostenido de la población total. A ello se suma una disminución en el número de matrimonios, factor que históricamente ha estado asociado a la decisión de tener hijos en la región.

Estos cambios reflejan transformaciones sociales profundas, vinculadas a nuevas dinámicas familiares, laborales y económicas, que influyen directamente en las decisiones reproductivas.

Respuestas desde las políticas públicas

Frente a este escenario, las autoridades han planteado reformas orientadas a adaptar los sistemas de salud, bienestar y asistencia social a una población cada vez más envejecida. Las líneas de acción incluyen la promoción de la salud, el fortalecimiento de la atención descentralizada, la reforma del sistema de bienestar y la incorporación de nuevas tecnologías para responder a las necesidades emergentes.

Si bien estas medidas buscan mitigar los efectos del envejecimiento poblacional, el desafío de revertir o estabilizar la baja natalidad sigue siendo complejo y de largo plazo.

Desde SOCMER observamos con atención la experiencia internacional, ya que la caída de la natalidad y el envejecimiento poblacional no son fenómenos aislados ni exclusivos de Asia. Estos procesos plantean interrogantes urgentes sobre el acceso a la salud reproductiva, la conciliación entre vida laboral y familiar, y la necesidad de políticas integrales que apoyen a quienes desean formar familias.

Analizar estos escenarios permite anticipar desafíos similares en otros países y refuerza la importancia de promover una medicina reproductiva accesible, informada y centrada en las personas, como parte fundamental de una respuesta demográfica sostenible y socialmente responsable.